El tiempo ha pasado tan rápido en los últimos años que ya no recuerdo en qué momento la Inteligencia Artificial (IA) llegó a nuestra agencia para quedarse. Confieso que al comienzo tenía resistencias frente a ella, porque en una industria distinguida por la creatividad, el talento y la inspiración, me resistía a que la tecnología reemplazará todo esto.
Sin embargo, desde hace unos buenos años la IA se convirtió en un integrante más de nuestro equipo estratégico y creativo. Pero, como sucede con cualquier talento que contratamos en Grupo RED, la IA tiene un rol, funciones, responsabilidades y también reglas, de cara a preservar la calidad de lo que hacemos para nuestros clientes.
La frontera entre la IA y el talento humano en Grupo RED se define por la diferencia entre la eficiencia probabilística y la intuición cultural. Es una herramienta extraordinaria para procesar lo existente, pero la creatividad publicitaria de alto impacto vive en la capacidad de conectar con lo impredecible de la naturaleza humana.
Una idea que Google comparte en un reciente artículo sobre la Inteligencia Artificial “Lo que puede y no puede hacer la IA en marketing”, donde resaltan que es una herramienta que ayuda a mejorar el marketing, pero no reemplazará la creatividad, la conciencia y las emociones humanas.
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¿Dónde la IA tiene un rol insustituible? (optimización de tiempo y escala)
Procesamiento de datos y patrones:
Conectando directamente con la “D” de Grupo RED (Data), la IA es imbatible analizando volúmenes masivos de conversación social, métricas de campañas pasadas y tendencias de consumo para extraer correlaciones que a nuestro equipo le tomaría semanas detectar.
Divergencia inicial y ruptura de la página en blanco:
Funciona como un motor de volumen. Es ideal para generar 50 variaciones de un titular, desarrollar bocetos visuales rápidos para un storyboard o probar ángulos conceptuales en la fase inicial de ideación. Es decir, un integrante más en una sesión de brainstorming (Lluvia de ideas).
Personalización y ejecución operativa:
En la etapa de producción y distribución, la IA en diseño permite escalar piezas, adaptar formatos a decenas de canales y optimizar variaciones de anuncios para pruebas A/B en tiempo real. Mano de obra tecnológicamente calificada.
¿Dónde la IA no debe liderar? (criterio, empatía y disrupción)
El hallazgo del insight visceral:
La IA analiza texto e imágenes, pero no siente la tensión social, la ironía, la vulnerabilidad ni las paradojas del comportamiento humano. Un verdadero insight (revelación o verdad profunda sobre el consumidor) nace de observar la vida real, algo que no se encuentra en un conjunto de datos digitalizados y, por el contrario, sí en el talento de nuestro equipo, en la sensibilidad y agudeza para identificar oportunidades desde lo cotidiano y la cultura.
La curaduría y la estrategia de marca:
Dado que la IA genera resultados basados en probabilidad estadística, su tendencia natural es promediar. El talento humano es el que posee el criterio analítico para descartar el 95% del ruido generado y elegir la única idea que construye la “E” de Estrategia y garantiza la “R” de Resultados de Grupo RED. Aunque esto resulte un poco subjetivo, en contraste con los beneficios de la IA, las decisiones trascendentales se toman mejor de personas para personas.
La disrupción y el riesgo creativo:
Las grandes campañas rompen las reglas de su categoría. La IA predice lo que lógicamente debería seguir; la mente humana decide romper esa lógica para llamar la atención en un mercado saturado. Los riesgos son necesarios para marcar la diferencia, y los seres humanos, por naturaleza, hemos reescrito la historia asumiéndolos. Claro está, controlados desde los datos.
La responsabilidad ética y el tono de voz:
La sensibilidad para leer el contexto sociocultural de un país en un momento específico y calibrar la postura de una marca exige un juicio ético que solo las personas pueden asumir.
En ese orden de ideas, la IA es una herramienta poderosa que contribuye a optimizar gran parte del proceso operativo, pero jamás el alma creativa. Por el momento, para nosotros representa subirnos, en ciertas partes del proceso, a un Tesla y, en otras, las más relevantes, a un Ford Mustang 390 GT convertible de 1968, el que condujo Steve McQueen en Bullitt, sintiendo el viento en el rostro y el ronroneo de su motor 6.4.